Text I: L. Jiménez (ES)

SILENCIO Y RESILIENCIA. Espacios Habitados.

Nuria Fermín

3K ART

No ha llegado oficialmente el invierno, pero el frío ya se respira en las calles. Serpentea

travieso entre los orificios de las bufandas y abrigos, erizando las pieles y haciendo que

tiemble tenuemente el pecho. Se acerca el invierno, “Winter is coming”, pensarán y

asociarán rápidamente los seguidores de la famosa serie estadounidense “Juego de

Tronos”. Pero ese frío que nos hace tiritar, no sólo está presente estos días de manera

figurada para hacernos sacar el abrigo.

Nos avasallan noticias de otro tipo de frío, más gélido, vibrante y aterido. Las calles

vacías de Bruselas, los atentados de París, los bombardeos rusos en Siria… Miedo,

aprensión, muertes injustas, una guerra de intereses que no se aleja tanto de la ficción de

R. R. Martin.

Pero esto no es nada nuevo, lleva toda la vida con nosotros. Sin embargo, no siempre

nos es mostrado o tampoco somos capaces de verlo. No digo nada nuevo al referirme a

cómo los medios de comunicación nos presentan las noticias sesgadas o cómo nos

escandalizamos más cuando la fatalidad y el peligro nos sorprenden más cerca.

Nuria Fermín (…. , ….) también sabe que esto no es algo nuevo, y ya lleva varios años

dedicando su obra a representar una cara de todos estos conflictos. A través de una línea

de trabajo figurativa y fotorrealista, la artista toma algunas de esas imágenes con las que

nos embriagan los medios y las lleva a un nuevo soporte de gran formato jugando con

veladuras de óleos o acuarelas.

Vemos calles vacías y casas derruidas, mujeres y niños serenos en la calle, una

muchedumbre que avanza lentamente hacia algún lugar. Estas imágenes se nos

presentan desubicadas y alejadas de la noticia. No son imágenes en las que aparezca

directamente representado el sufrimiento, las heridas, el terror, el odio; sino que parecen

escenas en calma, un silencio congelado. La artista ha jugado con la selección de

imágenes, la composición y la gama de color, eliminando el blanco puro –ajeno a la

realidad fotográfica– y las texturas excesivas, consiguiendo una pintura más plana, de

pincelada limpia y unos colores más saturados y algo pasteles que dan fuerza a la

imagen y una sensación de apacibilidad.

Ahora, viendo los títulos de los cuadros, podemos confirmar lo que todos estábamos

intuyendo. Que los edificios en ruinas y las calles y ciudades desérticas son escenarios

de Siria y Ucrania, que las madres y niños son grupos de refugiados de Kenia, que el

gentío andante es una aglomeración de sirios intentando huir despacio pero con urgencia

de lo que era su hogar y ya no encuentran cobijo.

La artista cuenta cómo comenzó a pintar estos “Escenarios Habitados” cuando en 2012

vio una fotografía en prensa de un niño con discapacidad intelectual y postrado en una

camilla ayudado por su abuelo en una calle de Aleppo, dónde se veían civiles agitados y

marcas de bala. Sin embargo, el abuelo y su nieto parecen tranquilos, ajenos a ese terror

y odio, esa desconfianza y recelo general.

Quizás no entiendan que está pasando, quizás prefieran no pensar en ello. Quizás,

cargados de entereza, prefieran intentar disfrutar de la compañía y la calma de ellos dos.

Con ese hiperrealismo heredado de artistas que a veces es repetitivo volver a mencionar,

sí merecen ser nombrados algunos que, bañados en parte por el realismo social, han

dedicado su magnífico detallismo que a veces supera a la fotografía a temas de

preocupación social, política y cultural. Así, el trabajo y la temática a la que recurre con

su fotorrealismo, Nuria Fermín recuerda a artistas como el americano Denis Peterson,

quien con su increíble pincelada muestra la cara más tranquila y sosegada de los

protagonistas de los principales detrimentos que sufre el mundo.

Los “Escenarios Habitados” de la artista buscan ese instante de calma en mitad del

curso de una guerra. Escenas congeladas en las que no hay nadie, y si lo hay, es un

grupo imperturbable y sereno, tranquilo. Es una llamada a recapacitar, a observar

aquellos lugares infrahumanos que quedan escondidos detrás del desastre, donde

aparecen personas –como tú, como yo, como nosotros– que les ha tocado

desafortunadamente vivir ese momento, sin pedirlo, sin entenderlo.

Una realidad plasmada misteriosamente ensordecedora y dónde se respira la calma. Un

reclamo de paz para todos aquellos indefensos que no son partícipes y que, al igual que

en la novela de Dulce Chacón, tienen la voz dormida.

Nuria Fermín pinta para intentar despertar esas voces. Hace de las imágenes efímeras de

la prensa en papel caduco una imagen permanente y perenne.

No vamos a cambiar el mundo con estas obras, con este texto, con esta exposición. Pero

no olvidemos lo que sucede en Siria, en Ucrania, en Grecia, en Francia, en Korea, en

Afganistán… Y no olvidemos que, en muchos de esos rincones, hay momentos de

silencio, y no de los incómodos, o de los conmemorativos, sino de los que disfrutan un

abuelo y su nieto, olvidando sus adversidades y los gritos que oyeron esa misma

mañana, un silencio de calma, de paz con uno mismo y los que quieres. Espacios

habitados de momentos de silencio y resiliencia.

Laura Jiménez Izquierdo

Noviembre 2015